En el barrio de Pacífico, aún resuenan historias sobre los desaparecidos Docks, aquellas enormes instalaciones logísticas que antaño dieron vida y trabajo a la zona. Aunque los muelles desaparecieron hace décadas, se dice que en las noches más tranquilas, cuando el bullicio de la ciudad se apaga, es posible escuchar los ecos de un tiempo pasado, como si las paredes invisibles de los antiguos almacenes aún guardaran los murmullos de sus trabajadores.
Cuentan los vecinos más veteranos que, al caer la noche, si te detienes cerca de las calles que cruzaban los muelles, como Sánchez Barcaiztegui o Cerro de la Plata, puedes oír el chirrido de carretillas rodando, las órdenes de los capataces y los murmullos de los hombres que descargaban sacos de grano, cajas de frutas o barriles de vino. Algunos aseguran haber visto sombras moverse fugazmente entre los callejones, figuras borrosas que parecen cargar bultos invisibles.